martes, 26 de febrero de 2008

LA CARRERA HACIA EL 9-M DESDE EL CÓRNER: RAJOY DEVOLVIÓ LA MORAL DE VICTORIA A LOS SUYOS

Nadie tiene la varita mágica para saber qué ocurrirá en las urnas el día 9 de marzo, pero una cosa es segura después del cara a cara del lunes por la noche: los populares, que habían mostrado un cierto desánimo tras el fracaso de Pizarro frente a Solbes, han recuperado la convicción de que pueden ganar. Incluso pudimos ver caras de euforia en la sede de la calle Génova cuando Rajoy llegó para analizar la partida, como dirían los ajedrecistas.
Antes de ponerme a escribir estas líneas, hice un rápido repaso de titulares en las ediciones digitales de los periódicos y ahí encontré que las primeras encuestas telefónicas daban como ganador a Rodríguez Zapatero. Sin embargo, yo creo que el triunfador fue Rajoy por una razón: estuvo más firme y más convincente en su papel de líder de la oposición que Rodríguez Zapatero en su papel de Presidente del Gobierno. En una democracia, el Gobierno gestiona los asuntos públicos y la Oposición trata de desgastarlo poniendo de relieve los aspectos oscuros, contradictorios o fracasados de esa gestión. Esas son las reglas del juego. Y, de acuerdo con esas reglas, a mí me parece que Rajoy estuvo mejor en la crítica que Rodríguez Zapatero en la defensa.
Los dos demostraron que llevaban la lección bien estudiada y, en gran medida, reprodujeron los argumentos, los reproches y las acusaciones que tantas veces hemos podido oirles en los debates parlamentarios de estos últimos cuatro años. Pero creo que muchos de los ciudadanos que vieran el encuentro del lunes en los pabellones de Ifema estarán de acuerdo conmigo en que el Líder de la Oposición consiguió sorprender al Presidente del Gobierno. En mi opinión, Rodríguez Zapatero, se confió demasiado por la facilidad con que Pedro Solbes había logrado rebatir los argumentos de Manuel Pizarro, pero se encontró con un Mariano Rajoy que exhibió la mejor versión de sí mismo. Posiblemente, a ese exceso de confianza contribuyeron otras dos cosas: un balance de Legislatura que está ahí y que, objetivamente, es más que razonable; y sus repetidas victorias frente a Rajoy en los debates parlamentarios sobre política general. Y el candidato del PP supo aprovechar la relajación de su oponente para colocar golpes precisos y potentes allí donde más dolía: las subidas de precios escandalosas, el fracaso de los alquileres, la inmigración, el fiasco de la negociación con ETA, la ruptura del consenso en política territorial...
En cierto modo, lo ocurrido el lunes por la noche me recuerda lo que ocurrió en 1.993, cuando el primer debate entre Felipe González y José María Aznar. El entonces líder del PSOE, que llevaba once años en el poder y tres mayorías absolutas consecutivas, pensó que Aznar no le duraría un asalto, pero acabó descubriendo, con asombro y desconcierto, que no hay enemigo pequeño. Y eso mismo quedó perfectamente demostrado en los alegatos finales del lunes, cuando Rajoy propuso que "la niña que nace en España ( a mi juicio debería haber dicho "los niños" ) tenga una familia, una vivienda y unos padres con trabajo". Síntesis casi insuperable frente a un Rodríguez Zapatero que se comprometía a trabajar con fuerza y humildad "para que todas las personas tengan las mismas oportunidades" y se despedía con un "buenas noches y buena suerte", que está copiado de la famosa película dirigida e interpretada por George Clooney.
El momento más tenso de la noche fue el rifirrafe a propósito de las gentes de la cultura y las víctimas del terrorismo. Se inició cuando Rodríguez Zapatero reprochó a Rajoy su desprecio por los intelectuales y artistas que apoyan la candidatura socialista y añadió que "usted no merece ser el Presidente del Gobierno por haber llamado untados a las gentes de la cultura". A continuación, Rajoy acusó a Rodríguez Zapatero de haber agredido a las víctimas del terrosimo, cosa que el Presidente negó y calificó de inaceptable. Otro momento duro fue cuando se culparon recíprocamente de haber provocado la discordia que ha presidido la Octava Legislatura. "Usted fue quien firmó el Pacto del Tinell -dijo Rajoy- en el que queda reflejada la obsesión por dejar fuera de juego a media España; usted es el que ha sembrado la discordia al pactar con radicales y extremistas". Y Rodríguez Zapatero respondió que "la discordia la sembraron ustedes al grito de ¡se rompe España!; el problema es que ustedes no han querido colaborar y España tenemos que construirla entre todos, porque este es un país diverso".
El formato del debate estaba pactado hasta los últimos detalles. Sin duda es un gran logro que se haya recuperado esta práctica después de 15 años, pero su propio desarrollo, con cinco bloques tasados, con tres intervenciones por bloque, también tasadas, demuestra lo mucho que nos queda hasta llegar a unos debates más agiles, más espontáneos y, en definitiva, más útiles para los ciudadanos. Si el encuentro entre Solbes y Pizarro estuvo presidido por la caballerosidad, el de Rodríguez Zapatero y Rajoy lo estuvo por la acritud. Queda un segundo debate antes de que los ciudadanos decidan a cuál de los dos prefieren en La Moncloa. Antes del lunes se había dicho que un factor seguro a favor del Presidente era su telegenia, pero yo creo que en este apartado hubo empate. Rodríguez Zapatero ha perdido el rostro angelical que le permitió decir hace cuatro años "el poder no me va a cambiar" y sus cejas parecen cada vez más puntiagudas; y Mariano Rajoy, que tiene una sonrisa muy perjudicada por su afición a los puros, la contrarrestó con una corbata roja que parecía decir "con corazón". Me fui a la cama convencido de que se ha ganado el derecho a seguir siendo el líder del PP, pase lo que pase el 9-M


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